Trayectoria
escolar
Mi trayectoria escolar no es muy basta en
instituciones, consta de solo tres. Inicie mis estudios en el Colegio Manuel
Belgrano de Temperley y continúe ahí hasta terminar la secundaria. Una institución cuya intención es preparar a
los alumnos para el éxito académico universitario. Dicha afirmación me lleva a
considerar algunos hechos de mi formación como alumna: la exigencia, la
enseñanza conductista, el rol del docente y la primacía del enciclopedismo.
Estos componentes de mi educación no fueron para mi razón de cuestionamiento.
No hasta que egrese del secundario e ingrese a la Universidad de Buenos Aires
(UBA) en la carrera de medicina.
Estos tiempos fueron realmente significativos para
mi aprendizaje. La enseñanza no cambio mucho de lo que ya conocía, me sentía
bien preparada y los contenidos no eran difíciles de alcanzar. Mi rol como
alumna tampoco había cambiado mucho. Lo que realmente capturo mi atención no
fue lo que ocurría en mi banco, sino lo que ocurría en los bancos cercanos a
mí. Había alumnos de todas las edades, de todas las profesiones, con cientos de
historias vividas o por vivir, había personas que aprendían más rápido que yo y
otras que necesitaban mas tiempo. ¿Por qué me sorprende tanto eso? ¿No era
acaso lo que debía esperar de la universidad? Esa realidad tan diversa era muy
ajena a mí, en el secundario todos éramos iguales en tantos aspectos que no
podía ser una mera casualidad.
Con una perspectiva más critica volví a la
institución. Vi lo que, hasta entonces, no había percibido, muchos alumnos no
cumplían con los tiempos, la forma de enseñar, la educación academicista. ¿Qué
ocurría con ellos? Quedaban fuera de la institución. Esa realidad era un
aspecto cotidiano en mi educación y yo nunca lo había notado. Posiblemente
porque era una alumna que podía seguir los parámetros esperados por la
institución. Entonces, casi inmediatamente, vino a mí una pregunta ¿Qué hubiera
pasado si no hubiera podido? ¿Qué hubiese pasado si no cumplía con lo que se
esperaba de mi como alumna? ¿Qué pasaba con los alumnos que se iban del
colegio? Las respuestas se creaban solas
en mi mente, con claridad, no había otra respuesta posible a esos
cuestionamientos. Me hubiera tenido que ir de la institución. Uno a uno fui
recorriendo en mi mente los docentes que habían sido parte de mi formación y
encontraba algunos que tenían una forma distinta de enseñar. No conforme con
mis respuestas, fui por ellos en búsqueda de otras.
Jorge Pérez, profesor de Biología, habíamos tenido
un dialogo dentro del aula que todavía recuerdo. Esperaba que el pudiera darme
otras respuestas. Mantuvimos una charla de casi una hora y antes de despedirnos
sugirió la idea de que me dedique a la docencia. La realidad es que nunca lo
había pensado, pero si tenia claro que la medicina no era lo mío. Ese mismo día
me anote en el Instituto Superior de Profesorado Pbro. A. M. Sáenz. Por
proximidad y por recomendaciones de familiares. Sin mucha expectativa inicie mi
cursada sin saber que ese espacio también seria sumamente significativo en mi
formación.
Las clases eran tan distintas a lo que estaba
acostumbrada. Me fue difícil acostumbrarme. Luego de un tiempo comencé a
acostumbrarme y a tomar herramientas de esa forma de enseñar. Y, también, a
sumar una visión critica a lo que había sido mi formación hasta el momento. Ese
espacio de formación me dio la certeza de que mi lugar era el aula y mi
vocación la docencia.
- “No puedo creer que no me haya dado cuenta antes”
resonaba en mi cabeza en cada clase que tenía. La docencia era lo que siempre
había querido y no sabía.
Recuerdo el Profesorado como los años mas felices de
mi vida, pero no es eterno debemos salir al mundo a dar cuenta de lo aprendido.
Aunque el tiempo nunca parece ser suficiente egrese del profesorado el 14 de
diciembre del dos mil dieciocho y en ese momento mi di cuenta que mi trabajo
diario en el aula era ahora mi total y absoluta responsabilidad. Ya no podría
sostenerme en los docentes del profesorado o escusarme en mi formación, ahora
tenia que demostrar lo aprendido.
El año siguiente fue un año de mucho aprendizaje y
desafíos, tratando de poner en práctica la didáctica constructivista que me
habían enseñado. Las primeras clases fueron pensadas durante horas, dedicándole
amor y compromiso a la tarea. Luego durante la vorágine del año era de esperar
que tenga la tendencia a volver al modelo donde me había formado y me sentía
tan cómoda, pero también un modelo tan distinto a lo que proponía la educación
y que yo sabía, por mi experiencia que no era el mejor.
Ese mismo año inicie mi formación como Licenciada en
la Enseñanza de las Ciencias Biológicas y durante la primera clase de Didáctica
me hicieron una pregunta que me invitaba a continuar en esta serie de
pensamientos. ¿Cómo te definirías como docente?
Actualmente mi respuesta es distinta, aprendí lo
suficiente como para afirmar que uno no siempre es el mismo tipo de docente,
que tiene componentes que son más permanentes, pero tiene componentes que
cambian frecuentemente. Que deseo ser una docente que incluya a todos y que no
deje alumnos fuera. Que piense sus clases críticamente y que se forme siempre
para que su mirada no se acostumbre a ningún modelo. Que no se sienta limitada
por factores externos como la disponibilidad de recurso. Que trabaje en equipo
con otros docentes y que aprenda de ellos como de los alumnos. Espero ser la
docente que mis alumnos desean tener y que los ayude a crecer.
Agradezco a las docentes este espacio de reflexión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario